Organizando lo último de hoy
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La demanda de oficinas cayó 30%. Las ciudades suburbanas renacen mientras empresas ahorran millones en alquileres.
Equipo editorial de Virela
Imagen de apoyo: Foto de Unsplash
La pandemia de 2020 obligó a millones de empresas a implementar el trabajo remoto de urgencia. Lo que se esperaba fuera un paréntesis se convirtió en un cambio estructural. Para muchas organizaciones, la prueba de que el trabajo podía funcionar sin oficina abrió una conversación que lleva años en la teoría de gestión empresarial pero que la inercia cultural nunca dejó aterrizar en la práctica.
El impacto en el mercado de oficinas fue inmediato. Las tasas de vacancia en centros financieros como Nueva York, Londres o Tokio subieron de forma sostenida. Empresas que antes alquilaban pisos enteros de torres en el centro de las ciudades redujeron sus contratos, pasaron a modelos de coworking o eliminaron oficinas permanentes. El impacto sobre los municipios que dependen fiscalmente de la actividad de los centros de negocios es un problema en desarrollo que las ciudades más afectadas están empezando a cuantificar.
El otro lado de la ecuación es el renacimiento de las ciudades secundarias y las zonas suburbanas. Si trabajar desde casa es una opción permanente, la ecuación de vivir cerca de una gran ciudad costosa pierde parte de su lógica. El acceso a servicios, espacio y calidad de vida en ciudades de tamaño mediano mejoró su posición competitiva. El telework no borró a las grandes ciudades, pero alteró su relación con su hinterland de una manera que el mercado inmobiliario está digiriendo de forma gradual.
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