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Patagonia, IKEA y Apple diseñan productos para ser reparados y reciclados. No es solo ecología: es buen negocio.
Patagonia, IKEA y Apple diseñan productos para ser reparados y reciclados. No es solo ecologia: es buen negocio.
La economía lineal, el modelo de "tomar, hacer, desechar", funcionó durante décadas bajo el supuesto de que los recursos naturales eran ilimitados y que los costos ambientales podían externalizarse. Los dos supuestos resultaron falsos. La economía circular propone un modelo alternativo donde los productos se diseñan para durar, repararse, reutilizarse y, eventualmente, reintegrarse al ciclo productivo sin generar residuos que no puedan procesarse.
Las empresas que adoptaron este enfoque no lo hicieron solo por razones éticas. Patagonia construyó su marca alrededor de la durabilidad y la reparación de sus prendas, y tiene uno de los índices de fidelidad de clientes más altos de la industria. IKEA comenzó a comprar de vuelta sus propios muebles usados para revenderlos o reciclarlos. Apple ofrece créditos por dispositivos viejos y publicita los porcentajes de materiales reciclados en sus nuevos productos. En los tres casos, el componente ambiental es también una ventaja competitiva.
El obstáculo principal para la transición masiva a la economía circular es sistémico: los precios de los productos no reflejan sus costos ambientales reales, porque esos costos se distribuyen en toda la sociedad en lugar de en quien produce y consume. Sin ese reflejo, los productos diseñados para durar compiten con desventaja de precio frente a los diseñados para ser desechados. Eso es un problema de regulación e incentivos, no solo de diseño empresarial.
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