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Los principios del plegado japonés se usan en paneles solares de satélites, stents médicos y airbags.
El origami tiene más de 400 años de historia documentada en Japón, aunque el plegado de papel como práctica artística es mucho más antiguo en Asia. Durante siglos fue ante todo una disciplina estética y ritual. La transformación en herramienta de ingeniería es sorprendentemente reciente: las primeras aplicaciones científicas serias llegaron en la segunda mitad del siglo XX.
El punto central que interesa a los ingenieros no es el papel sino la geometría. Un objeto plegado puede ocupar una fracción mínima del espacio que ocuparía desplegado, y puede desplegarse de forma controlada y predecible. Para los paneles solares de satélites, eso es determinante: tienen que caber dentro de un cohete durante el lanzamiento y desplegarse perfectamente una vez en órbita. El diseño Miura-ori, desarrollado por el astrofísico japonés Koryo Miura, se convirtió en estándar de la industria aeroespacial.
En medicina, las mismas matemáticas permiten diseñar stents cardiacos que se insertan comprimidos y se expanden al llegar al sitio correcto. En automoción, los airbags usan principios de plegado para desplegarse en milisegundos con precisión. Lo que surgió como arte ceremonial terminó siendo un problema de matemáticas aplicadas con consecuencias muy concretas.
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