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Cada vez más jóvenes ocupan cargos, de concejales a ministros. Fridays for Future demostró su poder político.
Equipo editorial de Virela
Imagen de apoyo: Foto de Unsplash
La imagen del político como hombre mayor de traje gris no desapareció, pero tiene cada vez más excepciones que confirman que el perfil está cambiando. Líderes como Sanna Marin en Finlandia, Gabriel Boric en Chile o Jacinda Ardern en Nueva Zelanda llegaron al poder ejecutivo antes de los cuarenta años y redefinieron qué puede ser un gobernante. A nivel local y legislativo, la tendencia es más pronunciada.
Lo que explica el cambio no es solo un ciclo generacional. Los movimientos de activismo juvenil de la última década demostraron que la movilización masiva produce resultados. Fridays for Future, con Greta Thunberg como figura central, llevó la crisis climática al centro de la agenda global con una efectividad que los partidos políticos tradicionales no habían logrado. Ese aprendizaje, de que la acción directa puede mover la aguja, empujó a muchos activistas a dar el paso hacia candidaturas formales.
El fenómeno no está libre de tensiones. Los jóvenes en política a menudo chocan con estructuras institucionales diseñadas para la estabilidad y el consenso lento. La brecha entre la velocidad de las redes sociales y la de los procesos legislativos genera frustración en ambas direcciones. Pero la presencia de voces más jóvenes en los espacios de decisión ya está alterando, aunque sea gradualmente, las prioridades que se debaten.
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