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El pez payaso puede cambiar de sexo según las necesidades del grupo. Es un mecanismo evolutivo fascinante.
Equipo editorial de Virela
Imagen de apoyo: Foto de Unsplash
Los peces payaso viven en grupos jerarquizados alrededor de una anémona. La hembra dominante es el individuo más grande; debajo de ella está el macho reproductor, y luego hay varios machos no reproductores de menor tamaño. Cuando la hembra muere, el macho reproductor cambia de sexo y se convierte en hembra. El macho no reproductor de mayor rango asciende a macho reproductor. El sistema se reinicia.
Este mecanismo, llamado hermafroditismo proterogínico, tiene una lógica evolutiva directa. El tamaño favorece la fertilidad femenina más que la masculina: una hembra grande puede producir más huevos que una pequeña. El individuo más grande del grupo maximiza su contribución genética siendo hembra. El cambio de sexo no es un fallo del sistema; es la solución que la selección natural encontró para el problema de la reproducción en un contexto de recursos limitados y jerarquías estables.
El pez payaso no es el único ejemplo de este tipo de plasticidad sexual en la naturaleza. Los lábridos, los meros y varios otros grupos de peces tienen mecanismos similares. En algunas especies el cambio es bidireccional. Lo que hace al pez payaso el caso más conocido es en parte la popularidad de la franquicia "Nemo", que paradójicamente cuenta una historia donde el protagonista debería haber cambiado de sexo y asumido el rol de su madre muerta.
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